Las cuatro puertas de Nora: Adentro, yo
Máscaras que ocultan la verdadera identidad, el yo más auténtico, el único yo. Sábato habla de esas máscaras que se yuxtaponen para permitirnos una adaptación -aunque sea temporal y pasajera- a los requerimientos de la sociedad en que nos vemos obligados a movernos. Ellas se imponen, rígidas e inexpresivas, a la pura manifestación de nuestro ser desnudo. Algunos dirán que nos protegen, como un escudo que resguarda la intimidad de las miradas del afuera. Yo sé que las he visto cubriendo los rostros de los que me rodean... y también -cómo no?- ocultando el mío, este que ahora se refleja, tímido, en estas páginas.
Este es un espacio para volcar las impresiones acerca de la vida, en especial, desde mi perspectiva de mujer, como madre y como docente... El título hace referencia a las diferentes formas o caminos de acceso a la realidad. Espero que les guste, Nora
viernes, 11 de junio de 2010
martes, 8 de junio de 2010
De llaves y cerraduras
Está cerrado, todo cerrado. Adentro la oscuridad es compacta y negra, densa como un muro. Imposible quebrar la firmeza del roble, las bisagras de hierro que forjaron la puerta. Viejas filtraciones envenenan el aire que se adhiere, muerto, a las paredes. Hace mucho que nadie ha pisado las losas centenarias que recubren el piso...
Afuera, la hiedra prolífera tapiza los muros y la entrada, que queda casi oculta por la urdimbre de hojas. Cada tanto una suave brisa les impone un balanceo efímero y una línea de luz penetra tímida en la negrura interior. Pasa por el ojo de la cerradura olvidada y traza una recta nítida en el cuarto cerrado. A su paso se dibujan apenas los contornos del moblaje, vencido por el tiempo.
Todo dura un instante, pero trae el recuerdo del afuera, del aire limpio, del contacto... El anhelo profundo de la llave ausente.
Afuera, la hiedra prolífera tapiza los muros y la entrada, que queda casi oculta por la urdimbre de hojas. Cada tanto una suave brisa les impone un balanceo efímero y una línea de luz penetra tímida en la negrura interior. Pasa por el ojo de la cerradura olvidada y traza una recta nítida en el cuarto cerrado. A su paso se dibujan apenas los contornos del moblaje, vencido por el tiempo.
Todo dura un instante, pero trae el recuerdo del afuera, del aire limpio, del contacto... El anhelo profundo de la llave ausente.
viernes, 4 de junio de 2010
Segunda puerta .
En ocasiones la puerta es pasaje, paso fortuito de una realidad a otra o, a la manera de Cortázar, apenas una grieta o una fisura que nos permite vislumbrar el otro lado. Entonces el caminante, que es en realidad un buscador de esas verdades escondidas, siente cómo sus latidos se aceleran, sudan sus manos, la vista se le nubla: es que está a punto de ver -aunque sea sólo por un instante fugaz- más claramente y de manera más lúcida.
Sólo un instante, es lo que dura la revelación.
Sólo un instante, es lo que dura la revelación.
lunes, 24 de mayo de 2010
Adentro, yo
Andamos por la vida siguiendo una especie de libreto, como si alguien (poderoso, por cierto), nos lo hubiera escrito de antemano y nos hubiera dado, además, la orden de cumplirlo contra viento y marea, sin vacilar siquiera en las peores circunstancias... ¿Por qué tanta obstinación? Alguien dirá que así es como se vive en una sociedad civilizada, en la que cada uno debe cumplir con la parte que le toca. No valen disculpas ni demoras: el deber llama. Pero y si falta la voluntad? Porque -no nos engañemos- es como si en ese contrato que sin saber hemos firmado no se sabe cuándo ni con quién, nadie nos hubiera leído la letra chica, esa donde estaba lo importante: aquella cláusula que decía que no podías dejar de hacer eso, aunque ya no te gustara o te fuera directamente insoportable...
En esa lucha interna entre el deber y el desear se mueren nuestros sueños. En la constante, abrumadora frustración uno siente que le falta el aire, que un peso insoportable le oprime el pecho. Tal vez grite, o no porque - por supuesto- está fuera de libreto, y si grita, lo hará disimulando... Es tan difícil animarse a decir basta; resulta tan inadecuado y de mal gusto atreverse a ir contra la corriente y hacer lo inesperado. Porque de eso se trata, en realidad, de salirse de programa y ser espontáneo. Hacer por una vez, aunque sea una sola, lo que se nos da la real gana. Sería como mostrar el propio rostro, sin maquillaje ni máscara ninguna. No la cara compuesta del trabajo, ni el porte elegante de la ceremonia; no el traje sobrio, o el peinado perfecto. Por un rato, animarnos a ser nosotros mismos. Enorme desafío. Enseguida el temor surge: Y si no nos aceptan? Podrían asustarse ante nuestro nuevo yo desconocido. El espectáculo puede llegar a resultar intolerable...
Si eso ocurre, no dsesperemos. Pintar una sonrisa es buen recurso. Un guiño cómplice ayudará a restaurar el vínculo. No pasa nada, che. Y continuamos.
A la mañana, a veces, me despierto distinta. Las horas de la noche -muchas desveladas- me permiten recuperar ese otro yo que todavía sueña. El efecto dura poco. Al rato van volviendo todos los rostros que el día me impone. Entonces busco una salida: canto, leo o releo mil veces a mis autores predilectos. Hago esfuerzos por conservar mi rostro, el único auténtico, para que, cuando vengas, cuando atravieses mi puerta, vos lo veas y no me tengas miedo.
En esa lucha interna entre el deber y el desear se mueren nuestros sueños. En la constante, abrumadora frustración uno siente que le falta el aire, que un peso insoportable le oprime el pecho. Tal vez grite, o no porque - por supuesto- está fuera de libreto, y si grita, lo hará disimulando... Es tan difícil animarse a decir basta; resulta tan inadecuado y de mal gusto atreverse a ir contra la corriente y hacer lo inesperado. Porque de eso se trata, en realidad, de salirse de programa y ser espontáneo. Hacer por una vez, aunque sea una sola, lo que se nos da la real gana. Sería como mostrar el propio rostro, sin maquillaje ni máscara ninguna. No la cara compuesta del trabajo, ni el porte elegante de la ceremonia; no el traje sobrio, o el peinado perfecto. Por un rato, animarnos a ser nosotros mismos. Enorme desafío. Enseguida el temor surge: Y si no nos aceptan? Podrían asustarse ante nuestro nuevo yo desconocido. El espectáculo puede llegar a resultar intolerable...
Si eso ocurre, no dsesperemos. Pintar una sonrisa es buen recurso. Un guiño cómplice ayudará a restaurar el vínculo. No pasa nada, che. Y continuamos.
A la mañana, a veces, me despierto distinta. Las horas de la noche -muchas desveladas- me permiten recuperar ese otro yo que todavía sueña. El efecto dura poco. Al rato van volviendo todos los rostros que el día me impone. Entonces busco una salida: canto, leo o releo mil veces a mis autores predilectos. Hago esfuerzos por conservar mi rostro, el único auténtico, para que, cuando vengas, cuando atravieses mi puerta, vos lo veas y no me tengas miedo.
Etiquetas: literatura, vida
compromiso,
libertad,
sociedad,
sueños
jueves, 20 de mayo de 2010
Amigas
Al pasar la puerta, la luz se enciende... Las sombras se disipan porque ya no estoy sola: han llegado, están conmigo, mis amigas. La charla se reanuda sin aclaraciones ni disculpas. Es como si nunca se hubiera interrumpido; fluye entre las tazas de café y el mate compartido. Uno puede vencer cualquier tormenta si están cerca...Las amigas, las hermanas elegidas.
martes, 18 de mayo de 2010
Primera Puerta
Estuve pensando adónde podría conducir una primera puerta…Justo la primera, ¿llevaría tal vez al camino más fácil? O como una trampa te perdería en vericuetos pedregosos y callejones oscuros… No sé, pero creo que tal vez el caminante se encontraría con una especie de laberinto borgeano, un jardín de senderos que se bifurcan y lo conducen, en unas ocasiones, por valles apacibles y verdes prados y en otras, por lugares tenebrosos y atemorizantes, como si se tratara de un “elige tu propia aventura” de los de antes, donde a la vuelta de la esquina (era tu decisión) podías encontrar a tu princesa o enfrentarte al feroz dragón. De todo pero siempre con final feliz, claro.
Ahora bien, esto de los finales felices…me parece cuento. Ya sé que hay, que existen, sí, yo sé que son posibles, pero…¿siempre? Eso sí que no.
Ahora bien, esto de los finales felices…me parece cuento. Ya sé que hay, que existen, sí, yo sé que son posibles, pero…¿siempre? Eso sí que no.
Primer encuentro,
primeros pasos por la página blanca y vacía que espera llenarse poco a poco de ideas, de recuerdos o (qué sé yo!), proyectos que irán surgiendo con la ilusión de que alguien los lea y compartamos, o me corrijan y completen en ese ida y vuelta tan nutricio que nos trae el diálogo.
Porque de eso se trata: de hablar –escribir en este caso- dejando que la palabra fluya y abra el cauce y derrame las ideas que si no, se quedarían atascadas, secas, mudas, muertas adentro…Es que no se puede dejar de pensar ni por un segundo, así que todo el tiempo, minuto a minuto, nuestro cerebro elabora una idea tras otra – conectadas o no- arma una secuencia, se pregunta y se responde con más o menos eficacia, incluso cuando duerme.
primeros pasos por la página blanca y vacía que espera llenarse poco a poco de ideas, de recuerdos o (qué sé yo!), proyectos que irán surgiendo con la ilusión de que alguien los lea y compartamos, o me corrijan y completen en ese ida y vuelta tan nutricio que nos trae el diálogo.
Porque de eso se trata: de hablar –escribir en este caso- dejando que la palabra fluya y abra el cauce y derrame las ideas que si no, se quedarían atascadas, secas, mudas, muertas adentro…Es que no se puede dejar de pensar ni por un segundo, así que todo el tiempo, minuto a minuto, nuestro cerebro elabora una idea tras otra – conectadas o no- arma una secuencia, se pregunta y se responde con más o menos eficacia, incluso cuando duerme.
Etiquetas: literatura, vida
búsqueda,
comunicación,
encuentro
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