Camino por senderos que rara vez se bifurcan... Pareciera que hay un destino, una meta al final (preestablecida?), esperándome en alguna parte. Yo no la veo desde donde me encuentro; me rodean arbustos casi siempre epinosos. Pero, a veces, el viento de la tarde -cuando se levanta esa brisa fresca, distinta- mueve un poco las ramas y puedo adivinar a lo lejos algo como una entrada o una salida, un paso o pasadizo hacia otro lado. Claro que no sé hacia dónde me llevaría si es que alguna vez lo alcanzara... Caminar hacia allá parece lo único posible. Dejarse llevar más que andar por la propia voluntad, como si una fuerza ajena a mí me impulsara. Algo inexplicable, desconocido, pero cierto. Y así aparezco un día en otro sitio, en otra situación, sin saber cómo llegué ahí...
Entonces, una palabra, la mirada de los que me quieren y conocen mis pasos perdidos me devuelven el sentido. Le dan sentido a este mi andar descaminado, sin rumbo cierto pero que llega siempre al mismo punto: ese donde ellos me esperan.
Este es un espacio para volcar las impresiones acerca de la vida, en especial, desde mi perspectiva de mujer, como madre y como docente... El título hace referencia a las diferentes formas o caminos de acceso a la realidad. Espero que les guste, Nora
lunes, 14 de febrero de 2011
miércoles, 2 de febrero de 2011
Afectos
En familia...
Nadando en las aguas claras del afecto seguro, ávidos de contacto y de miradas cómplices... En la evocación permanente de momentos vividos hace tiempo, allá lejos, cuando éramos tan jóvenes que la vida nos parecía todavía un libro que esperaba ser escrito con las ilusiones y el miedo propios de la falta de experiencia. Así pasamos estos días , siempre pocos, paladeando cada instante para guardarlo en la memoria como una joya valiosa, rara, de esas que hay que proteger para que no se pierda.
Charlas y kilómetros de ruta, playas y sonrisas, paseos y fotos, la risa de la tía, cataratas y tucanes, los asados y el postre de Menchu...Todo junto, en un rincón tibiecito del corazón.
¡ Hasta la vuelta!
Nadando en las aguas claras del afecto seguro, ávidos de contacto y de miradas cómplices... En la evocación permanente de momentos vividos hace tiempo, allá lejos, cuando éramos tan jóvenes que la vida nos parecía todavía un libro que esperaba ser escrito con las ilusiones y el miedo propios de la falta de experiencia. Así pasamos estos días , siempre pocos, paladeando cada instante para guardarlo en la memoria como una joya valiosa, rara, de esas que hay que proteger para que no se pierda.
Charlas y kilómetros de ruta, playas y sonrisas, paseos y fotos, la risa de la tía, cataratas y tucanes, los asados y el postre de Menchu...Todo junto, en un rincón tibiecito del corazón.
¡ Hasta la vuelta!
sábado, 27 de noviembre de 2010
Al borneo
Ayer escuché la palabra borneo en una expresión y en un contexto que llamó mucho mi atención...
Estar "al borneo", dijo María.
Yo siempre pensé que ese nombre era el de una isla de la Polinesia: al menos eso recuerdo de mi viejo libro de Geografía aquel que estudiábamos hasta el cansancio con la inolvidable Delia Blanco. Pero ayer descubri que en la navegación a vela la palabra "borneo" se refiere a las sutiles variaciones en la dirección del viento. Y parece que se usa para decir que la embarcación está a merced de los caprichos del aire. Puede estar anclada o sujeta a una boya, pero igual moverse libre al impulso de las ráfagas o de la brisa.
Ah, quién pudiera ser velero! Para dejarse hamacar por las alas del viento, sin oponer ninguna resistencia, como si no pesáramos nada, o mejor, como si nada nos pesara. Flotar en el agua calma o tempestuosa sin procupaciones ni temores. Estar, simplemente, en una especie de goce extasiado de los sentidos, dejarse llevar pero sin ir a ningún lado.
Me encantó la palabrita. Quiero eso para estos días: estar al borneo, entregar mi voluntad a los vientos que soplen, sin pensar nada más.
Estar "al borneo", dijo María.
Yo siempre pensé que ese nombre era el de una isla de la Polinesia: al menos eso recuerdo de mi viejo libro de Geografía aquel que estudiábamos hasta el cansancio con la inolvidable Delia Blanco. Pero ayer descubri que en la navegación a vela la palabra "borneo" se refiere a las sutiles variaciones en la dirección del viento. Y parece que se usa para decir que la embarcación está a merced de los caprichos del aire. Puede estar anclada o sujeta a una boya, pero igual moverse libre al impulso de las ráfagas o de la brisa.
Ah, quién pudiera ser velero! Para dejarse hamacar por las alas del viento, sin oponer ninguna resistencia, como si no pesáramos nada, o mejor, como si nada nos pesara. Flotar en el agua calma o tempestuosa sin procupaciones ni temores. Estar, simplemente, en una especie de goce extasiado de los sentidos, dejarse llevar pero sin ir a ningún lado.
Me encantó la palabrita. Quiero eso para estos días: estar al borneo, entregar mi voluntad a los vientos que soplen, sin pensar nada más.
miércoles, 17 de noviembre de 2010
Del hábito de releer
Estuve releyendo...Siempre lo hago. Es como encontrarnos otra vez con un viejo amigo... Es redescubrir por qué lo elegimos alguna vez, por qué lo seguimos queriendo. Pueden pasar semanas, meses, años: no importa. Él nos espera con su amistad intacta. Releo y me pregunto quién era yo cuando nos encontramos por primera vez... Qué fantasías poblaban mi imaginación? Qué miedos me quitaban el sueño? Releo y me re encuentro con esa que yo era. Aquella niña tímida, una adolescente curiosa, la estudiante ávida...o tal vez la docente en busca de una lectura placentera...
Releo y al hacerlo, me sorprendo a cada paso, en cada curva del camino que forman las palabras. A veces, el sendero me lleva al reconocimiento: ahí estoy enredada entre metáforas o nadando en las azules aguas de la poesía. En ocasiones se hace más difícil, como si el tiempo hubiera borrado en parte mis huellas. Pero de pronto ocurre: una palabra me hace un guiño y veo al amigo de siempre que me espera con las páginas abiertas...
Releo y al hacerlo, me sorprendo a cada paso, en cada curva del camino que forman las palabras. A veces, el sendero me lleva al reconocimiento: ahí estoy enredada entre metáforas o nadando en las azules aguas de la poesía. En ocasiones se hace más difícil, como si el tiempo hubiera borrado en parte mis huellas. Pero de pronto ocurre: una palabra me hace un guiño y veo al amigo de siempre que me espera con las páginas abiertas...
viernes, 29 de octubre de 2010
Cae la lluvia sobre mi corazón
LLueve rítmicamente sobre la escalera del patio. Sucesivos toc toc toc que a veces se alargan y se hacen fluidos en un pleeep que queda un instante suspendido y mudo, para reanudar luego en toc toc toc...
Adentro la penumbra de esta tarde gris se adueña de mi alma. Soledad, tristeza, encierro que nada puede romper, ni siquiera la lectura -siempre los libros han sido mi escape y mi refugio. Esta vez no, nada alivia la dureza de esta prisión que me comprime y me asfixia...
Afuera, el agua cae lenta pero sin pausa imitando el pulso de mi corazón.
Adentro la penumbra de esta tarde gris se adueña de mi alma. Soledad, tristeza, encierro que nada puede romper, ni siquiera la lectura -siempre los libros han sido mi escape y mi refugio. Esta vez no, nada alivia la dureza de esta prisión que me comprime y me asfixia...
Afuera, el agua cae lenta pero sin pausa imitando el pulso de mi corazón.
lunes, 27 de septiembre de 2010
Siempre los amigos
Porque están cerca, para acudir en mi ayuda cuando los necesito...
Son ellos, mis hermanos elegidos para compartir el camino.
No hay soledad que resista su mirada.
Todo lo puede una sonrisa de sus labios.
Triunfa del miedo una palabra que brote de su boca.
Están siempre a mi lado, mis amigos.
Gracias.
Son ellos, mis hermanos elegidos para compartir el camino.
No hay soledad que resista su mirada.
Todo lo puede una sonrisa de sus labios.
Triunfa del miedo una palabra que brote de su boca.
Están siempre a mi lado, mis amigos.
Gracias.
jueves, 23 de septiembre de 2010
Encierro
De pronto la oscuridad se impone a la luz tibia de la primavera...
La puerta, que se había entreabierto apenas, ha vuelto a cerrarse con un ruido seco y áspero. Adentro el aire se espesa, enturbiado por el encierro repentino y me ahoga. Quiero salir pero un peso indecible me lo impide...
Miro la calle desde mi ventana. Afuera, el sol remolonea entre las hojas nuevas. Flota el perfume de las primeras flores de este septiembre que se me escapa...
La puerta, que se había entreabierto apenas, ha vuelto a cerrarse con un ruido seco y áspero. Adentro el aire se espesa, enturbiado por el encierro repentino y me ahoga. Quiero salir pero un peso indecible me lo impide...
Miro la calle desde mi ventana. Afuera, el sol remolonea entre las hojas nuevas. Flota el perfume de las primeras flores de este septiembre que se me escapa...
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